Voy a intentar escribir la historia del Indio. Una ” regresión” que tuve sobre una vida en la que era un Indio. Ya intenté escribirla aquí unas tres veces, pero siempre cuando estaba terminando, le daba a una tecla, que aún no se bien cual es, que hace que se borre todo lo que estaba escribiendo.
Todo empezó hace tiempo con un dolor en el lado derecho del pecho, durante semanas sentí ese dolor. Un día cuando sentí ese dolor, que a veces no me dejaba respirar profundo, sintiendo un pinchazo en el pecho cuando me llenaba de aire, me vino a la mente la imagen de un indio corriendo (más bien escapando), pero cuando sentía esto, rápidamente fumaba un pitillo, lo que me hacia desconectarme de la experiencia.
Después de unas semanas, intentando pensar que significaba lo del indio, ya que todo lo que tenga que ver con indios, me encanta. Estaba en un curso de Reiki de fin de semana y en un momento dado, me vino la imagen otra vez del indio, pero en esta ocasión sentí el dolor increíblemente en el pecho, asustándome mucho, por que era como si de verdad me hubiesen clavado algo en el pecho. Tuve que salirme de la clase (en aquel momento, no acostumbraba a compartir mis sentimientos ni mis experiencias), y salí al jardín, para pasar aquel mal rato, el indio no se iba de mi cabeza y sentí que me dolía tanto, por que me acababan de atravesar con una lanza por detrás. Senti mucho dolor físico en mi realidad, y rapidamente, encendí un pitillo, lo que hizo que se me pasara todo rápido otra vez, aunque lo que no me quitó, fue las ganas de llorar, por lo que me pasé un buen rato llorando, hasta que alguien llegó y me consoló un rato, algo a lo que tampoco estoy acostumbrado, pues “me obliga” a ponerme bien rápidamente, para no “ocasionar molestias” a los demás.
Se lo conté a la maestra de Reiki, que también hacía regresiones y un día hablando en su casa, ya que es amiga, surgió el tema y empezamos a hablar del Indio.
Rapidamente empiezo a sentir otra vez el dolor en el pecho ( ahora no podía furmar), siento todo lo que había sentido antes, como escapaba, como me atravesaban con una lanza, el dolor en el pecho, etc… pero la maestra, me pide que recuerde antes, cuando todo estaba bien…
Entonces me transporto, a un estado de amor espectacular. Yo era un Indio, que vivía a los pies de una montaña, con mi mujer y mi hija de 8 años. Nuestra casa era una especie de cueva en la montaña, que recuerdo muy acogedora. Por delante de la cueva, pasaba un gran río y entre el río y la cueva, había una gran planicie de hierba. Recuerdo estar haciendo algo cerca del agua, quizás pescando. La sensación que tenia era de profunda felicidad, algo que no puedo describir con palabras. Estaba completamente lleno de paz y de amor. No tenía en la mente el tener que hacer algo en concreto, sino que todo iba transcurriendo segundo a segundo, sin pensar en que haría el instante siguiente. Me sentía totalmente conectado con todo lo que me rodeaba. Sentia un profundo agradecimiento y conexión con el agua, con el sol, con la tierra… era consciente de que todo cuánto necesitaba me era dado y me sentía tremendamente privilegiado por tener todo cuánto necesitaba, me sentía feliz por vivir, por poder experimentar algo tan maravilloso, en un sitio tan incréible.
Recuerdo ver a lo lejos a mi mujer, el hecho de verla sonreir, me llenaba profundamente de paz, por que sentía un gran amor por ella. Veía a mi hija correr con su largo pelo negro, sus ojos rasgados y unos grandes mofletes. Aunque no lo repetía mentalmente, la sensación que tenía era de un contínuo gracias, gracias….. Pues me sentía conectado con la totalidad, con mi familia, conmigo mismo, con la tierra, con el sol, con toda la naturaleza y con cada ser vivo y vivía en profunda paz y armonía…..
Yo no perdía la noción de donde estaba y sabia que esto era un recuerdo. Lo que hacía que comparara mi vida actual, con aquella. No podía entender como había llevado mi vida hacia un luchar por objetivos, persiguiendo bienes materiales, poder, reconocimiento. No podía explicarme como había podido olvidarme de todo eso y vivía es un estado de buscar, de conseguir, de luchar, cuando todo lo que necesito ya está en mi interior, cuando lo único que anhelo es la conexión con mi ser interior. Me sentia mal por haber perdido mi memoria.
Pero no me costaba mucho volver a conectarme con el estado de profundo amor que sentía por la vida, por mi familia, por mi mismo y por la existencia en general….
Cuando ya llevaba un buen rato, sintiendo el amor incondicional, todo se alteró de repente. Un grupo de hombres montados a caballo aparecieron en nuestro campo de visión. Rápidamente sentí que no era algo bueno, podia ver en sus caras el odio, la maldad. Eché a correr hacia mi mujer e hija, que estaban bastante alejadas, aunque podía verlas a lo lejos. Pero en pocos segundos, sentí una lanza como me atravesaba por detrás. Podia ver la punta saliendo por mi pectoral derecho. Caí al suelo. Intenté levantarme a la vez que gritaba con todas mis fuerzas. Mis brazos intentaban separar mi cuerpo del suelo, pero el hombre hacia gran fuerza hacia el suelo y otros se le unieron para ayudarle. Yo sentía que tenía la fuerza de cien hombres e intentaba levantarme haciendo fuerza con mis brazos y mis piernas y realmente les costaba mantenerme pegado al suelo, aunque eran varios, me pisaban y me agarraban y solo tenía la libertad de mover mi cabeza hacia mi familia y ver como a ellas también las agarraban por los pelos como si fueran animales. No creo que existan palabras para definir todo el odio, rencor, rabia, furia, ira que sentía en aquel momento. Todo esa energia salía por todas las partes de mi cuerpo a la vez que desgarraba mi voz exhalando un tremendo clamor. Ya no podía sentir el dolor físico, tan solo odio, rabia que hacían que reuniese por momentos fuerzas haciendo un esfuerzo desesperado por soltarme de aquellos asesinos.
Pude ver a lo lejos, como a ellas las echaban después de un tiempo al fuego, pues no podía ver lo que les hicieron antes ya que había un relieve en el terreno que no me permitía tener una visión completa al estar pegado con la cara al suelo. Vi como las echaban aún vivas y eso aún me provocó más dolor en el alma, no podía creerme que todo aquello estuviese pasando, no entendía a que se debía todo eso, no podía entender como me estaban quitando lo que más quería, mi familia, mi vida. Hice un último esfuerzo por liberarme, que rápidamente se convirtió en un profundo llanto, más parecido al de un niño que al de un adulto. Les pedía que no les hicieran nada, que las dejaran en paz, ellas eran mi vida. Pero ellos parecían estar disfrutando mucho con la escena y también con mi dolor.
El odio que sentía, me hacia pensar que si consiguiese soltarme, podría matarlos a todos en unos pocos segundos. Los consideraba inferiores, unos cobardes indefensos. Los véia débiles físicamente, me consideraba mucho más fuerte que ellos, más evolucionado. En el fondo sabía que ellos nunca podían sentir lo que yo sentí por mi familia y por la tierra, los veia unos miserables seres vibrando a una baja frecuencia, sabía que ellos no podían sentir amor. Mi rabia dio paso a un estado de tranquilidad, sabía que ya no había nada que hacer ni luchar. Ya no escuchaba a mi familia gritar, sabía que todo se había acabado. Su vida y la mía ya no formaban parte de esta realidad. Era momento de despedirse. Sabía que mi sitio ya no estaba en aquel lugar, yo no me pertenecía esa vida, ni esa realidad. Solo deseaba partir, abandonar definitivamente aquel cuerpo. Senti un profundo sentimiento de agradecimiento y respeto por todo lo que había vivido, la tranquilidad y calma se apoderó de mi, pude predecir una leve sonrisa en mis labios, a la vez que salía un último suspiro de mi….
Durante todo esta experiencia, mi realidad física, se había fusionado con la vida del indio. Por lo que gritaba igualmente, decía que las quería, que las amaba, que me dejaran en paz. Hacía muchísima fuerza sobre los reposabrazos del sillón sobre el que estaba recostado. Me retorcia de un lado a otro. A la maestra le costaba controlarme e incluso percibí en algún momento algo de preocupación o más bien sentimiento de estar perdiendo el control de la situación. Ella me repetía contínuamente que ya eso había pasado y que debía sentir amor, que debía perdonar, que debía aceptar la situación, que mi vida ya no estaba allí.
Pero yo no podía sentir eso, no podía perdonar, no podía sentir más que odio, rabia, furia, ira, por aquellos que me quitaron lo que más quería. Recuerdo estar llorando mucho, suspirando sin parar. No podía parar de decir ” yo quiero volver allí…” “quiero tener lo que tenía…” ” allí era feliz…” y a la vez me parecía increible lo que decía, pues sabía que estaba en aquel sillón y que todo eran recuerdos, pero no podía evitar sentirme exactamente igual como si acabaran de matar a toda mi familia. El sentimiento era exactamente igual, por lo que esa experiencia fue quizás la más dura de mi toda mi vida, aún siendo “recuerdos”.
Poco a poco, gracias al trabajo de la maestra, fui volviendo a un estado de conciencia normal, fui volviendo a la “realidad” y ya pudiendo tener la razón necesaria para procesar la experiencia…… aunque cuando ya creía que todo había pasado, cuando creía que ya me había recuperado y que estaba perfectamente bien, se apoderaba de mi otra vez ese sentimiento, lo que me hacía volver a llorar profundamente con gran dolor.
Pero después de varias horas, ya estaba bien y pude empezar a extraer el aprendizaje de la experiencia.
- Entendí por que cuando era un niño y cuidaba a mi sobrina, tuviese “tanta habilidad” para cuidarla, pues en realidad sentía que ya había sido padre.
- Entendí por que no podía sentir amor por ninguna chica, por que cada vez que las cosas empezaba a ir “medianamente bien” con alguna chica, me alejaba o hacía que las cosas se enfriasen. “descubrí” mi miedo al amor, miedo a querer, miedo a compartir mi vida con alguien, miedo a “depender” de alguien. Miedo al compromiso, miedo a la soledad, miedo a perder, por lo que ya renunciaba de antemano a tener algo, bien fuese amor o algo que desease.
- Supe por que evitaba tan energicamente discutir con alguien o pelearme, pues tenia miedo de desatar toda mi rabia y furia y pagarla con esa persona. Tenía miedo de mi, de no poder controlarme, pues alguna vez senti que perdia ligeramente los nervios y no me consideraba capaz de controlarme, es por eso que me iba y me alejaba rápido, sintiendo que si permanecia delante de esa persona podía “perder el control”. Me convertí en una persona que necesitaba “controlar” la situación, tener todo bajo control y evitar las sorpresas, los imprevistos. Temía lo inesperado (después de todo inesperadamente perdí todo lo que tenía en aquella vida), por lo que se grabo a fuego en mi alma, que “las sorpresas” no eran buenas. Se generó en mi, un sentimiento de anticipación a todo. Siempre lo consideré un signo de inteligencia, pues podía anticipar cada pequeño detalle de infinidad de situaciones, lo que llamaba la atención de algunas personas, pero ahora lo veo más bien como una debilidad, que me impedía disfrutar de la vida, de la magia de las personas, del amor, de la grandeza de lo inesperado.
Ahora se que nadie va a venir a caballo con lanzas y matarán a mi familia y a mi mismo (parece increible y obvio, pero podemos vivir con ese sentimiento aún sabiendo conscientemente que eso no va a pasar, pero que nos hacer vivir con ese miedo y renunciar a lo que queremos, perdiendo nuestra libertad por cosas que pasaron en el pasado). Ahora se que ya no tengo miedo de nada, no tengo resentimientos. Acepto esa experiencia como parte de la vida, como parte del aprendizaje. Amo a aquellos que me hicieron vivir aquello, pues realmente fueron valientes maestros, asumiendo una tarea en verdad, difícil. Tan solo debía separarme de la realidad y vivir las cosas con perspectiva, observando esta vida como una gran obra de teatro, donde experimetamos personajes. De la misma manera que un actor no se enfada con el director de la película ni con los compañeros de reparto, cuando es “asesinado” en la escena, nosotros tampoco debemos enfadarnos por morirnos en “esta película”, pues después de todo, ahora a la vez que estoy escribiendo estas palabras, ya estoy en otro película y seguramente no sea la última pelicula que “protagonizo”.
Ahora ya puedo decir conscientemente lo que es el odio, la rabia, la furia, la ira, el miedo y en general la ausencia de amor. Esto me hace más grande en esta vida, me permite abrir mi corazón, soltar mis miedos y conectarme conscientemente con la totalidad, con aquello de lo que realmente nunca estuve separado. Esto me permite recobrar la memoria, mi espiritualidad, mi conexión con el todo. Me permite tener una pincelada de lo que realmente somos, de donde venimos, qué hacemos aquí y cual es nuestro propósito en la vida
Esto genera en mi una voluntad de servicio, de amor hacia los demás, de ganas de vivir el aquí y el ahora, dándome cuenta de cómo lo hago. Es por eso que me gusta tanto la Gestalt, pues me da herramientas para vivir la vida que deseo y extraer las lecciones oportunas de mis experiencias en esta vida.