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A veces me pregunto que es lo que nos hace reirnos sin sentido. Unas veces estamos serios, pensativos y otras de repente, algo cambia, algo que no podemos ver que nos hace reir. Me pregunto que pasará por esas partes de nosotros que no vemos y de las cuales no somos conscientes.
Hoy estaba escuchando música, me acosté en la colchoneta de meditación, puse incienso y me quedé pensativo un rato… normalmente cuando estoy así cierro los ojos, pero hoy me apetecía tenerlos abiertos. Estaba observando una calendario maya que traje de patzcuaro en méxico. Recordaba el dia que lo compré, me tomé un “agua nieve” o algo así, no me acuerdo como le llamaban allí, era un granizado de limón aquí en españa. Observaba el techo de la habitación. Alcanzaba a divisar unos árboles por la ventana y allí me sentía yo, una miguita del universo en mi habitación….. se apoderó de mi un deseo de paz, de tranquilidad, de alegría y felicidad. No estaba haciendo nada, no tenía nada especial por lo que sentirme bien, pero a la vez todo era un motivo.
Tenía el gesto de una sonrisa en la cara, cuando me di cuenta, sonreí por fin, un ciclón de alegría y felicidad quería salir de mi cuerpo, pero quizás no esté acostumbrado a reirme conmigo mismo. Observaba toda la habitación y cada detalle me parecía un regalo del cielo. Pensaba sobre mi vida y me daba cuenta de lo afortunado que soy, del gran don que se me ha dado al poder ser consciente de lo maravillosa que es esta vida. Recordaba como estaba hace unos meses, cuánto dolor y sufrimiento, cuanta angustia y todo lo que sentía, como daría lo que fuese por salir de la situación asfixiante en la que me encontraba, el ver como el mundo se me venía encima. De repente ahí estaba yo, en la habitación acostado, habiendo pasado ya el chaparrón, el temporal. Me felicitaba a mi mismo por haber aguantado la prueba y el haber podido extraer la lección. Aún hoy me resulta difícil creer como una experiencia traumática, me ha llevado a valorar más que nunca, el comer con mi familia, el desayunar con mi novia, el dar un paseo con el perro, el fumar un pitillo en la terraza viendo los arboles y los pajaros pasar, el como el simple hecho de estar sentado, sin hacer nada, se convierte en un baile con la magia de la vida. Nunca pensé que me sobrase ego, pero me sobraba. Nunca pensé que me sobraba orgullo, pero me sobraba. Nunca pensé que me faltara humildad, pero me faltaba. Nunca pensé que me hiciesen falta mis seres queridos, pero me hacían falta.
Siempre había oído lo de “El dolor te enseña…” pero me parecía una chorrada de estas que se dicen pero que nadie experimenta. Pero puedo decir que así es. Cuando la vida te pone contra las cuerdas y te golpea durante meses, en la cabeza, en la barriga, jejejeje, hasta te da golpes antireglamentarios,que haría que la descalificasen si estuviésemos en un ring de boxeo… te das cuenta que llega un momento en el que dejas de resistirte y abres el “centro de entendimiento” y ahí es cuando empiezan a fluir los aprendizajes. Es cuando recuperas la humildad, cuando te das cuenta de todos los seres que te rodean, cuando descubres la fuente y es ahí cuando empiezas a vivir realmente……
¿por qué me rio solo? por que cada vez que pienso en esta vida, me dan ganas de sonreir, por que he podido entender la gran oportunidad que se nos brinda. He podido saber que los problemas, son casi siempre, puertas hacia la evolución y que al final de todo, lo único que importa, es como te lo tomes. Puedes elegir entre aceptarlo o no. El no aceptar la situación lo único que hace es que tardes más tiempo en pasarla.